Prevención cardiovascular: los cinco factores que más influyen en tu corazón
Las enfermedades cardiovasculares son en gran parte prevenibles: cinco factores modificables concentran la mayor parte del riesgo acumulado a lo largo de la vida.
Las enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos son la primera causa de muerte en el mundo, pero también se encuentran entre las más prevenibles. La mayor parte del riesgo cardiovascular se acumula de forma silenciosa durante años, impulsado por factores que en su mayoría pueden modificarse con hábitos y, cuando es necesario, con tratamiento médico. Entender cuáles son esos factores y cómo actúan es el primer paso para tomar decisiones informadas.
La presión arterial elevada —hipertensión— es el factor de riesgo individual más importante. Actúa dañando las paredes de las arterias de manera gradual y sin síntomas evidentes, lo que le ha valido el apodo de «asesino silencioso». Mantenerla en rangos saludables con dieta baja en sodio, ejercicio regular, control del peso y, si el médico lo indica, medicación, reduce sustancialmente el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.
Los otros factores que no deben ignorarse

El perfil lipídico —niveles de colesterol LDL, HDL y triglicéridos— es el segundo factor en importancia. El colesterol LDL elevado contribuye a la formación de placas en las arterias; el HDL actúa como un transportador inverso que lleva el colesterol de los tejidos de vuelta al hígado. La dieta, el ejercicio y los medicamentos estatinas son las herramientas principales para manejar estos valores.
La glucosa en sangre elevada —tanto en diabetes establecida como en prediabetes— daña los vasos sanguíneos pequeños y grandes de manera progresiva. El tabaquismo es otro factor de alto impacto: incluso en cantidades pequeñas, el humo del cigarrillo inflama el endotelio vascular y acelera la aterosclerosis. Dejar de fumar reduce el riesgo cardiovascular de forma significativa en los primeros años.
El quinto factor es el sedentarismo. El ejercicio regular —al menos 150 minutos semanales de actividad moderada— mejora directamente la presión arterial, el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y el peso corporal. En la práctica, estos cinco factores interactúan entre sí: mejorar uno tiende a mejorar los demás. Una evaluación cardiovascular periódica con el médico permite identificar los puntos de mayor riesgo individual y diseñar una estrategia personalizada.